Resiliencia

 

Desde el año 2003, cuando comencé a dictar mis primeros Talleres sobre resiliencia hasta ahora, no han dejado de sorprenderme las historias de tantas personas y comunidades que construyen sobre los escombros que el camino les ofrece.

La palabra RESILIENCIA era poco conocida en aquel entonces. Hoy, Google arroja 16.800.000 resultados en menos de un segundo al ser consultado al respecto y su uso indiscriminado abunda tanto en publicaciones académicas como en periódicos, discursos y conversaciones informales mediadas por pantallas o barbijos.

Pero ¿de qué se trata?

La resiliencia es un potencial humano, un proceso dinámico e interactivo entre mecanismos emocionales, cognitivos y socioculturales que llevan a las personas o comunidades a desarrollarse de manera saludable aún habiendo crecido en un medio poco propicio.

Esta característica ha estado presente desde los orígenes de la especie humana aunque debieron pasar millones de años hasta que se le diera un nombre.

El vocablo proviene de la física y la metalurgia: es la capacidad de un material para recobrar su forma original después de haber sido deformado hasta su límite elástico, como resultado de una presión externa.

Para la ecología, es la tendencia de un ecosistema a recuperarse luego de haber sido perturbado por causas naturales (huracanes, sequías, inundaciones, etc.) o antropogénicas (deforestación, incendios, contaminación, etc.).

Las definiciones publicadas han sido múltiples desde 1972, año en que Michael Rutter (pionero en el tema) adoptó el término para las ciencias sociales. Mientras algunas continúan colocando el acento en la idea de adaptación, otras, lo hacen en el concepto de habilidad; muchas enfatizan la conjunción de factores externos e internos o, en cambio, la idea de proceso. Sin embargo, todas remiten al modo de sobreponerse a los infortunios y superarlos.

Recién en el año 2014 la expresión se incorporó al diccionario de la Real Academia Española como “Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.

Dado que pocos escenarios han sido tan complejos, adversos e inciertos como el surgimiento del COVID19, el mundo entero se interesó por este constructo teórico en constante evolución. Tanto que, antes de decidirse por “confinamiento”, la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) consideró como una de las “Palabras del año 2020” (junto con coronavirus y pandemia) a la que da título a esta reflexión: “RESILIENCIA”.

Si el encierro logró ese “primer lugar” en el último año, sin duda será la resiliencia -personal y comunitaria- la gran protagonista de este 2021, no como una simple idea “googleada” o enunciada sino como un auténtico propósito compartido.

Fortalecer nuestro compromiso con el entorno (la casa común), nuestros mayores y las futuras generaciones, es uno de los pasos para abrazar un futuro de equidad, en el que seamos capaces de avanzar, con la mirada puesta en los ODS, sin dejar a nadie atrás…

* Los ODS, la responsabilidad social y la resiliencia son los temas centrales de la 10° edición de la Diplomatura Interdisciplinaria que la autora dicta en UDEMM (on line) a partir de marzo 2021 .Los interesados en solicitar información, pueden hacerlo a través de este formulario

lic.silviagabrielavazquez@gmail.com / @gabrielavazquezok

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